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ÉTICA Y MODERNIDAD


Antes de entrar a desarrollar nuestro tema, es preciso determinar que se entiende por ética y que se entiende por modernidad.- 

La ética es una rama de la filosofía que se ocupa del estudio racional de la moral, la virtud, el deber, la felicidad y el buen vivir.1 La ética es una de las principales ramas de la filosofía, en tanto requiere de la reflexión y de la argumentación.- 
La ética estudia qué es lo moral, cómo se justifica racionalmente un sistema moral, y cómo se ha de aplicar posteriormente a nivel individual y a nivel social. En la vida cotidiana constituye una reflexión sobre el hecho moral, busca las razones que justifican la utilización de un sistema moral u otro. 
Y podemos decir que “la modernidad es un modo de civilización que se opone y supera a todas las culturas y civilizaciones anteriores, sobre la base de la innovación científica y tecnológica, del dominio de la razón y la primacía del individuo libre, consciente y autónomo. “Lo moderno” se presenta a sí mismo como una forma racional y pura de autoconsciencia, un modo particular e histórico de vida y una experiencia vital”. 2 
  
En cuanto a la ética, enseñaba Aristóteles que: “Todo arte y toda investigación científica; toda acción deliberada parecen apuntar a algún bien; de allí que el bien haya sido justamente definido como “aquello a que tienden todas las cosas”. Por lo tanto, todo lo que apunta a algo diferente a si mismo crea un valor. Dicho de otro modo, el acto bueno es un medio de llegar al bien. Claro que la ética de Aristóteles es teleológica ya que la modernidad consiste para él, en hacer ciertas acciones no porque ellas nos parezcan correctas en sí mismas, sino porque nos dirigen a lo que es “el bien” para el hombre. Sin embargo, el bien para el hombre tiene un carácter de ser final, algo elegido por sí mismo y no como un pedio para conseguir algo u otra cosa, y que sea por si mismo digno de ser elegido. 
En esa tesitura, para entender mejor lo planteado por Aristóteles, podemos decir, que la modernidad consiste en realizar ciertas acciones, que aun cuando no procuran el bien para el co-ciudadano, procura conseguir la satisfacción personal dentro de una sociedad individualista moderna.- Es decir, que la modernidad no solo ha opacado la religión como medio de predominio e influencia social, sino que ha convertido la actitud y accionar del ser humano, en una forma de procurar el “bien” personal, sin medir las consecuencias sobre el prójimo.- 
Platón, propone algo más que estos bienes evidentes: una "forma de bien", que sería la fuente de toda bondad, no importa donde se la encuentre.  
Se refiere Platón a que la medida de nuestros actos, no se miden por lo que procuran conseguir, sino por la buena voluntad de ejecutarlo en forma de bien, sin intención de obtener un provecho personal o individual.- 
Aristóteles replica que no existe "forma de bien" independientemente de sus manifestaciones particulares. Es decir que el bien en cuanto tal no se le reconoce si no se manifiesta. El problema de este acertó es reconocer si sus expresiones o manifestaciones son atributos del "bien". 
Igualmente, todo acto que va dirigido al "bien" sugiere profundidad, permanencia y serenidad y, que siendo acción o actividad es felicidad y no placer aunque éste lo acompañe necesariamente. 
De aquí resulta que algunos tienden al placer según Aristóteles "fin de esclavos y bestias" y otros apuntan al honor, "objeto de la vida política", que depende más de quien lo da. Pareciera que nos da la seguridad de nuestra propia virtud, pero, esta es compatible con la inactividad y la miseria, entonces parece no ser lo que va hacia el bien. La mayoría busca la riqueza, pero esto es un medio no un fin. Muy pocos, escogen la "vida" contemplativa y que para Aristóteles constituye el “fin más elevado de la vida” humana, y "que es la cosa que sólo el hombre puede hacer". 
Se discute, en la modernidad, el concepto libertad-deber-dignidad- justicia, como un todo, ósea, que no basta con la libertad sin deber y la el deber sin dignidad y ésta ultima sin justicia. Observamos como a diario surgen serios cuestionamientos sobre el concepto ético de la seguridad en la modernidad, pues se pone en duda que la forma de garantizar la seguridad, violando otros derechos fundamentales, tenga un matiz ético y moral, si consideramos la intromisión en los asuntos privados como acciones que vulneran la dignidad y libertad. Por ello, se apunta en la actualidad, al honor y dignidad de las personas, como entes de la vida política, que un estado ético-moderno, dirigido hacia el “bien” debe garantizar y que viene acompañado del más alto respecto a los derechos fundamentales del ser humano. 

Para que la acción hacia el bien se dirija acertadamente, Aristóteles, propone la "phronesis o prudencia", actitud deliberante del individuo que trata de buscar lo más adecuado a cada circunstancia. Lo que nos lleva a analizar el estado actual de modernidad, donde se producen actuaciones deliberadas, sin prudencia, en busca de obtener grandes privilegios y riquezas personales, aprovechando cada circunstancia, sin intención de provocar y contribuir al bienestar del conglomerado. 
En Kant, la ética es autónoma no heterónoma; es decir, la ley viene dictada por la ley de la conciencia moral misma, no por una instancia ajena al yo. Es formal no material. No prescribe nada concreto ni ninguna acción determinada: "obrar por respeto al deber". Kant pide al hombre sea autónomo. La ética kantiana culmina con concepto de persona moral. Todos los hombres son fines en sí mismos y la inmoralidad consiste en tomarlo como un medio siendo como es, un fin. 
De ahí que la filosofía Kantiana sea considerada la filosofía del siglo moderno, pues plantea como único objetivo del hombre, “obrar por respeto al deber”. En la actualidad, el hombre obra sin respecto a lo que debe ser, a cambio de lo que individualmente se pretende que es lo más conveniente, sin necesidad de respectar el deber moral y ausente de personalidad moral. 


EL DEBER COMO EXIGENCIA MORAL.- 

Si miramos el deber desde el punto de vista moderno o de la modernidad, encontraremos que el deber para los seres humanos modernos, es un deber racionalmente comprendido y realizado. El deber moderno es un deber racional, es decir, dictado por la Razón. 

El deber es un imperativo que impulsa a la persona a realizar un acto, en cuanto necesidad que emana de dos fuentes: desde su conciencia moral, y desde el marco de normas o leyes que lo obligan desde el exterior de su conciencia. 

El deber reside en primer lugar, en la conciencia moral del individuo, y después en la esfera colectiva, o sea, en la conciencia moral de la sociedad, de manera que entendemos la conciencia moral, como la propia conciencia psicológica del individuo, que reflexiona y examina los actos a la luz de ciertos valores o criterios, para decidir lo que debemos hacer. 

Se supone que el deber obliga, es decir, que generan alguna forma de compulsión que fuerza al individuo a realizarlo, pudiendo ser dicha compulsión interior o interna (la propia conciencia moral) o exterior, o sea proveniente de la ley positiva o de otra forma de normativa social. 

La idea ética de la obligación, puede referirse a una persona o a alguna forma de agrupación de seres humanos, de manera que el deber obliga a todos y cada uno de ellos. 

La obligación moral, como hemos visto, puede provenir de la fuerza de la ley y las normas, o también de las convenciones sociales, lo que supone diversos grados de obligatoriedad.  Pero existe además, la dimensión interior constituida por la conciencia moral de cada uno. 

Cuando el individuo está plenamente consciente de sus obligaciones, de su deber, siente en su consciencia –y en su subconsciente- el imperativo obligatorio de la responsabilidad, de la tarea que hay que realizar, de la palabra que debe decir, del gesto y la acción que hay que ejecutar, y cuya satisfacción final será únicamente, la acción cumplida. 

Lo esencial de la conciencia moral del deber es la intención de obrar conforme a un valor ético.  Esta intención radica exclusivamente en la conciencia del individuo, y sólo es posible medirla, a través del discurso, de las actitudes y de las conductas. 
Por otro lado, es necesario revelar que la modernidad ha sido portadora de tres principios indisolublemente ligados entre sí, que podemos enumerar de la manera siguiente: 1) el individuo, 2) la razón y, 3) la libertad. 

En la modernidad, la razón ha sido definida y asumida como el fundamento intelectual del pensamiento y de la acción. 

La razón moderna se sustenta en un individuo que nace libre, y que por lo tanto, busca y lucha por su libertad, mientras construye la libertad del mundo en el que vive; un individuo que nace igual y que por lo tanto,  busca y construye la igualdad entre sus semejantes y con ellos. 
Pero al querer hacer su libertad y su igualdad, el ser humano se confronta con las realidades complejas en la modernidad de la opresión y la desigualdad, de las tiranías y las injusticias.  Por eso, busca en su propia conciencia humana, la razón moral que le permita superar los obstáculos de su propia humanidad, de la propia realidad que ha construido y que lo domina.  

Desde el punto de vista moral, la modernidad es un mundo de aspiraciones materiales nunca satisfechas; un orden basado en el caos y las desigualdades; un mundo de seres humanos libres y autónomos, pero profundamente solitarios y solos; una cultura de imágenes, de fantasías y de espectáculos virtuales, de héroes individuales y multitudes anónimas; una sociedad de actitudes superficiales, de búsquedas profundas y de satisfacciones efímeras, que proclama buscar grandes utopías y que realiza las peores barbaridades en nombre de ellas; un mundo de individuos libres y racionales, dominados por poderosas maquinarias burocráticas, impersonales y opresivas. 

En cuanto al individuo se refiere, vamos a tratarlo desde la denominación política de “CIUDADANO”, su relación con la sociedad y el deber ser en el ejercicio de sus deberes.- 
Cuando nos adentramos en el terreno de la ciudadanía, nos encontramos con un conjunto de problemas. El primero de ellos es caracterizar qué entendemos por ciudadano, qué es un ciudadano. Entendemos que ciudadano es aquel que es su propio señor -o su propia señora-, con sus iguales, en el seno de la comunidad política. Es decir que ciudadano es el que no es esclavo, el que no es siervo, el que no es súbdito, el que es el dueño de su propia vida; al que no le hacen la vida, sino que se hace su propia vida. Para hacerla con los que son sus iguales, es decir, con sus conciudadanos.  
Ese estado de ciudadano autentico, viene acompañado, en la modernidad, con lo que podemos denominar una ética cívica en la modernidad, que a su vez debe estar acompañada con algunos valores fundamentales, los que podemos englobar de la siguiente manera: 
1.- El valor de la libertad. 
2.- El valor de la igualdad. 
3.- El valor de la solidaridad. 
4.- El valor del respeto activo y el valor del diálogo.  
Vamos a realizar un pequeño análisis de cada uno de estos valores, a saber: 
En primer lugar, el valor de la libertad. Ya decía Aristóteles en cuanto al ser, que se dice de muchas maneras- y podemos afirmar que la libertad también se dice de muchas maneras. Y por lo menos se dice de cuatro maneras: la libertad se puede entender como independencia, la libertad se puede entender como participación, la libertad se puede entender como autonomía, la libertad se puede entender como no dominación. La libertad se puede entender como independencia, como ese perímetro que yo tengo en el que puedo actuar sin que otros interfieran. La libertad como independencia es fundamental, pero es demasiado restringida. Hay que complementar la libertad como independencia con la libertad como participación -que hablábamos del polites griego-. Ser libre es participar en la toma de decisiones de mi comunidad política. 
Pero ser libre es también ser autónomo, es decir, tener la capacidad de dirigir la propia vida, y no que se nos dirija la vida desde fuera. Por eso la libertad no tiene que ser sólo de independencia; tiene que ser también de participación y tiene que ser de autonomía. Tenemos que tomar nuestras propias decisiones, desde nuestros propios criterios y desde nuestra propia vida. 
Y esta tiene que ser complementada con la libertad entendida como no dominación. La libertad entendida como no dominación consiste en crear una sociedad en la que podamos realmente mirarnos como iguales, y que nadie tenga que recurrir al servilismo, a la adulación, para conseguir aquello que necesita, sino que con la frente bien alta pueda ver satisfechos sus deseos. Creo que tenemos que tender a una libertad de no dominación y a una sociedad de ciudadanos que puedan mirarse a los ojos. 
La igualdad es el segundo de los grandes valores, igualdad de oportunidades, igualdad ante la ley, igualdad de bienes primarios, de recursos, igualdad de capacidades, igualdad en la satisfacción de necesidades y la distinción entre las desigualdades y las diferencias. 
En tercer lugar, la solidaridad, que entiendo que tiene que ser una solidaridad lúcida. La solidaridad, cuando es diligente, intenta ser lúcida, porque la razón, cuando es diligente, no puede quedarse parada, no puede quedarse quieta, tiene que hacer cosas y tiene que hacer cosas con los otros, precisamente porque desde una actitud que sea una actitud de amor y preocupación por otros no cabe sino la solidaridad. 
Y por último, el respeto activo y el diálogo. La tolerancia es una gran virtud, es un gran valor pero puede acabar también siendo impotencia. La virtud del ciudadano es el respeto activo, el respeto a que alguien pueda pensar algo distinto. Y aunque piense algo distinto, siempre que ese algo sea razonable, en sentido amplio, es sumamente respetuoso, es algo sumamente respetable. El respeto activo es uno de los cimientos necesarios de una sociedad, sin el cual no funciona. 
Y el último valor sería el diálogo para resolver las diferencias y para resolver los conflictos. Creo que la actitud dialógica de la persona que siempre está dispuesta a esgrimir sus argumentos, a escuchar los argumentos de otros, en la esfera pública, en la esfera privada, creo que es un auténtico ciudadano. 
Ahora bien, después de lo expuesto, el hombre ético, es decir, el que se mueve hacia el bien con conocimiento de causa con un sentimiento de felicidad, no exento de prudencia, pero permanentemente con un querer ser siempre, con un apetito de eternidad y con un fin de cuidar el cuerpo y la salud, tendrá que aceptar que esto se dé en un contexto comunitario o de grupo social y, que además se expresa en una temporalidad que atañe al grupo o entorno social. Este quehacer, es bajo una organización político-social que ha ido evolucionando hacia paradigmas de un modernismo o pseudomodernismo. 
En adelante, cabe entonces preguntarse, de que modernismo hablamos, ¿de paradigmas de desarrollo intelectual inconexo, desmembrado o caótico; industrial y mecanizado y sujeto a vaivenes de mercado de oferta y demanda; de educación fragmentaria, sin curricular, e infraestructuras inadecuadas? La requisitoria por la felicidad y la justicia nos las hacemos todos de manera explícita y reflexiva. Es la pregunta por experiencias de valores y bienes. ¿Cómo podemos ser justos cuando pensamos en lo bueno para nosotros y no para todos? 
Son las interrogantes que nos conducen a considerar, que lo modernos no jugara un papel dentro del campo de la ética, sino es aplicado, estructurado y utilizado con criterio de comunidad, dentro de los parámetros morales de una sociedad justa. 
Existe, partiendo de lo anterior, un debate permanente entorno a la modernidad, en algunos casos acalorados y no menos apasionados, de tantas y distintas maneras, que se diluye la esencia del debate y en este caos conceptual se constituye esquemas sobre las cuales se sustentan, al menos teóricamente, los principios de modernidad y, aún "con una crisis de la teoría de la ciencia".  
La hemos conocido más a partir de sus perjuicios que de sus beneficios. Hay una orientación instrumentalista de la racionalidad, la voluntad de poder concentrado en tecnócratas sometiendo a personas y cosas al yugo de la rentabilidad. No hay instrumentos conceptuales modernos para entender e interpretar lo complejo del desarrollo tecnológico contemporáneo. Se crea entonces, ahora el monstruo devorador, alienante y despersonalizante de la GLOBALIZACION, con un tecnocentrismo potenciado por el ideal racional de la eficiencia, además de un totalitarismo etno-cultural-racional en nombre del bienestar del ente o sujeto colectivo. 
Podemos manifestar, que la Globalización se desarrolla en un mundo moderno, donde la rapidez, eficiencia conceptual,  vienen a jugar un rol relevante en el desarrollo personal, intelectual y cultural de la humanidad, desoldando las fronteras y acercándonos a los conocimientos del mundo digital. 
Ese proceso de transformación social, ha influido en las decisiones políticas-económicas de las naciones, con un efecto dómino en el desenvolvimiento cotidiano del ser humano, que lo hacer requerir de los instrumentos de la globalización para mantenerse dentro de un mundo competitivo. 
Es esa transformación socio-cultural, que ha venido a desplazar otras costumbres culturales, valores sociales, relaciones personales, que en la práctica diaria, carecen de rasgos éticos-morales.- 
Giusti, con gran sabiduría dice: La Globalización es una noción imprecisa, epidérmica que alude una serie heterogénea de procesos sociales y tecnológicos de dimensión universal que cuestionan la autonomía o cohesión de los estados nacionales y que se realiza desde el exterior". 
Entonces muchas decisiones políticas, económicas, jurídicas o tecnológicas no dependen de la voluntad política de sus gobiernos, estos se han desplazado a otros espacios extraños, contradictorios e inextricables con dimensión planetaria, en la mayoría imposible de comprender o de manejar. Son las relaciones virtuales por medio de las nuevas tecnologías. 
Giusti remata con un acertó formidable, cuando dice: "es el proceso de implantación de relaciones estructurales de tipo económico, tecnológico y burocrático a nivel internacional que obedecen a una lógica instrumental propia de cada una de esas esferas y que escapan al control de individuos y países que puedan pretender de ellas". 
Entonces, partiendo de lo anteriormente planteado por Giusti, cabe preguntarnos: Es posible que la época del mundo modero y su modernidad, pueda ser equilibrada con acciones enmarcadas dentro de los parámetros éticos y morales? 
Esa pregunta merece un análisis amplio y serio. Podemos partir del hecho de que los actos modernos dentro del mundo de la globalización, podrían ser considerados carentes de toda acción ética, partiendo del principio de que dicha acción siempre persigue un bien colectivo, sin esperar recibir beneficios particulares a cambio. No obstante, la modernidad ha traído consigo, por demás, una serie de conocimiento e información que en los tiempos anteriores el ser humano, los ciudadanos del mundo, no tenían a su alcance. Esa transformación denominada la era del conocimiento y de la información, a resultado ser, a la vez, transformadora de las políticas de gobiernos hacia sus ciudadanos, pues ha logrado producir la apertura de las puertas de las políticas sociales, su desarrollo, inversión y su ejecución, poniendo de relieve, la intención de los gobernantes hacia sus pueblos. 
Es por ello, que el relieve de la modernidad y la globalización, han producido un cambio en el pensamiento de los ciudadanos, una participación más activa y notable en las decisiones de sus gobernantes y por demás, una vigilancia constante de la ejecución y accionar de sus ministros y gobernantes, con herramientas que han logrado, en la actualidad, la demanda de ejecuciones de políticas transparentes, adaptadas a los valores éticos y morales. 
No caben dudas, que las exigencias de determinadas regiones, países y aldeas, en contra de sus gobernantes y ministros, han contribuido, a favor de la ciudadanía, a poder exigir el cumplimiento de promesas, la ejecución apegada a las leyes objetivas y a los parámetros éticos de una sociedad en particular y del mundo en general. 
Vemos como en la actualidad, los estados han cruzado sus fronteras para exigir el respecto, a otros estados, de parámetros éticos y morales, de ejecuciones y políticas apegadas a los lineamientos éticos y el respecto a la dignidad de las personas. Todo ello, se ha logrado, gracias a  las herramientas que provee la modernidad y la globalización, en un mundo que cada día depende más de esas transformaciones modernas, que ha provocado, aunque no logrado, políticas, ejecuciones y acciones apegadas a la ética. 
Comprenderá y sopesará el médico, si la ética, aún con los fundamentos filosóficos expuestos, y el análisis de la "modernidad" y el proceso de la Globalización, hará posible ejercitar los principios que lo lleven naturalmente a la “fuente del bien” y armar un esquema de acto “moral o ética” que norme su vida y su relación con la comunidad o con el entorno social dentro del cual se desenvuelve. 

Mucho habrá de meditarse en lo dicho y, quizá tendrá todavía que desempeñase en el mundo nebuloso de los principios "de la ética provisional" de Descartes. En esta “modernidad” ideada como tangente, irreal y no estructurada, terminaremos diciendo con Haber más: “que éste es aún un proyecto inacabado”; o mejor volver a la "esencia" de su propio ser como decía Spinoza, tercamente regresando a su propia interioridad, para decir con Séneca: Una muerte funesta espera / a quien demasiado conocido por los demás / muere desconocido de sí mismo. 

Existen dificultades para defender una noción consistente de verdad con paradigmas modernos de objetividad y subjetividad, con relativización de las ideas de progreso o revolución y con el fin de las utopías. Para complicar aún más el panorama, se habla de la acción comunicativa mediante el cual se pretende un fundamento ético, para cuestionar las injusticias y las deformaciones de la sociedad moderna: fragmentada, con disciplinas disímiles y diversificadas, y con una multiplicación de criterios empleados que no permite conservar la coherente unidad o interrelación social; en la que han de manifestarse acciones éticas, es decir, actos sustanciales, libres, aprehendidos, prudentes, constantes y permanentes; todos ellos dirigidos hacia el “bien” o a una “forma de bien”.  
¿No será posible encontrar el modo de construir una sociedad como decía Platón: "inteligente", que tienda a través de la razón, instaurar una sociedad armónica donde todos sin necesidad de principios morales propendamos al bien común prescindiendo del propio? Algunos piensan que, la fuerza crítica y la normatividad de la razón instaurarán una real teoría de la modernidad unida a la teoría de la racionalidad, con una acción comunicativa que las enlaza: con aproximaciones introductorias y digresiones históricas, sin su lado perverso, de su política colonizadora, su capitalismo egoísta y sin proyección social sobre todo a los más necesitados con profundas contradicciones que afectan a la comunidad en bienestar. 
Cabe destacar, que los actos racionales de los humanos, amparados en actos de “bien” o dentro del “hombre moral”, pueden ser completamente compaginados en la era de la modernidad y la globalización. Con la vigilancia permanente, la tecnología de la información como observatorio mundial y el concepto inequívoco del bien para la comunidad, es posible conseguir la armonía perfecta entre la modernidad y la ética. 
Es por ello, que cabe destacar, como en la actualidad, alguna  que otra acción imprudente y mal intencionada, de países desarrollados, con sus políticas de colonización hacia los países menos desarrollado, han encontrado respuesta drásticas a través de la comunidad internacional y el rechazo inmediato de ciudadanos del mundo, por la velocidad con que se desplazan las informaciones, lo que, contribuye, a que esa acciones sean condenadas a nivel mundial, sin exclusión de conocimiento por pertenecer a un país menos desarrollado, una aldea o cualquier parte del mundo globalizado. 
Lo que nos lleva a determinar que el mundo de la globalización, con su modernidad sin estructura, sin reglas comunes, sin parámetros de conocimientos, puede contribuir a que el mundo, los países y sus ciudadanos, adopten comportamiento individuales que beneficien al colectivo, olvidando el egoísmo e individualismo y adentrándonos a construir un mundo con parámetros éticos, cuyas actuaciones sean objeto de admiración y ejemplo para el resto de la humanidad. 
Por lo que, somos de opinión, que si bien en la actualidad el fenómeno de la modernidad y su globalización, han contribuido, en gran medida, a crear una brecha más amplia entre el individuo y la colectividad, consideramos que esa actitud puede ser reversada utilizando los mismos métodos modernos y de globalización para su consecución, que, como hemos podido atestiguar, con el auxilio de dichos métodos modernos y de globalización, la humanidad a conseguido ser escuchada en parte de sus demandas sociales, hasta conseguir estallidos sociales que han hecho saltar del poder político a gobernantes cuyas ejecuciones han sido consideradas no éticas. 
Por lo que, podemos concluir, que la modernidad con su globalización, puede, dentro de los parámetros de racionalidad y acudiendo  al planteamiento Platónico, contribuir a crear una sociedad donde el individuo adopte una actitud ética y moral, sin necesidad de imposición social, contribuyendo así con el bienestar común y no individual.- 

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1 comentarios:

  1. EXCELENTE CONTENIDO LOS PUNTOS DE VISTAS DIFERENTES DE PLATÓN Y ARISTOTELES

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