Aún
se sigue hablando de que "las cosas tienen un valor u otro," de que
tienen valor "positivo o negativo." Esto es mirar el problema de los
valores desde el punto de vista de las cosas. Importa considerar los valores
como algo que tenemos o que podemos tener en nuestro interior las personas. Los
valores están arraigados en la misma condición de la existencia y los valores
constituyen un punto de mira y el objetivo último en la formación de toda la
personalidad De hecho, una fuente de ansiedad de los jóvenes es la de no contar
con los valores accesibles para construir la base que le permita establecer su
propia identidad y un modo personal de relacionarse con el mundo.
Un
valor es la creencia estable de que algo es bueno o malo; de que algo es
preferible a su contrario. Estas creencias nunca van solas, sino que siempre están
organizadas en nuestro psiquismo de manera que forman escalas de preferencia
relativa.
Cada
uno tiene una escala de valores. Esta afirmación debería ser completada con
otras, que actualmente son aceptadas por la psicología:
El
número de valores que posee una persona es relativamente pequeño. Los
verdaderos valores, los que íntimamente me dicen "por dónde ir," son
pocos, La existencia de muchos valores acaba en dispersión y
despersonalización.
Los
valores son universales. Es decir, que existe un conjunto de valores que son comunes a todos los hombres y a lo largo y ancho del mundo., Lo que diferencia
a unos hombres de otros es la mayor o menor intensidad que con que los viven.
Es
verdad que los valores que tenemos reflejan nuestra personalidad, pero también
lo es que de nuestros valores son responsables, en gran medida, las
instituciones en las que hemos vivido, la cultura en la que nos movemos, y, en
toda su amplitud, la sociedad.
Importancia
de los valores. Los valores son pautas y guías de nuestra conducta. Sólo el
hombre es capaz de trascender del estímulo al sentido. Las personas nos
interrogamos constantemente acerca del significado de nosotros mismos, de lo
que hacemos y del mundo que nos rodea. Esto es un indicador de que las personas
tenemos necesidad de encontrar un sentido, de obrar con propósito claro, de
saber a dónde nos encaminamos y por qué razón. Una escala de valores permite
elegir entre caminos alternativos. Es como el mapa del arquitecto; no es
necesario que continuamente, pero conviene tenerle presente.
Un
sistema de valores permite al hombre resolver los conflictos y tomar
decisiones. La escala de valores será responsable en cada caso de los
principios y reglas de conducta que se pongan en funcionamiento. La carencia de
un sistema de valores bien definido deja al sujeto en la duda, a la vez que lo
entrega en manos ajenas a su persona.
Los
valores son la base de la autoestima. Se trata de un "sentimiento
base" (McDougall), un sentimiento de respeto por uno mismo. Este
sentimiento necesita, para mantenerse y verse reforzado, de un sistema de
valores coherente. Sólo sé quién soy si s sé lo que prefiero, si sé definir
algunos objetivos de mi vida con cierta claridad. Y solamente sé lo que quiero
si he asimilado algunos valores que me ayudan a entender, dar sentido y
expresar mi relación con el mundo y con las cosas de manera integrada y que me
proporciona paz.
Los
valores defensivos. Hay valores y antivalores. Estos aparecen a veces
camuflados como valores. Por eso, los valores, como todo lo humano, deben pasar
por la criba de la autenticidad. Existen valores negativos, que simplemente
justifican lo que uno hace.
Tipos
de valores. Desde la clasificación de Spranger, que clasificaba los valores en
"teóricos," "económicos," "estéticos,"
"sociales," "políticos" y "religiosos," se han
sucedido las clasificaciones que intentan aclarar un mundo tan intrincado. Cuando
pensamos que una persona tiene un valor, estamos imaginando que estima mucho
una forma de comportarse los hombres. Siempre que pensamos en valores deberemos
preguntarnos por nuestra situación interior en estos dos terrenos: el terminal
y el instrumental.
Valores
terminales. son los valores más abstractos y de innegable universalidad
(amistad, aprecio, armonía interior, autoestima,. Belleza, estabilidad,
igualdad, la paz mundial, la salvación, libertad, placer, prosperidad,
realización, sabiduría, familia, felicidad, amor, plenitud vital). De estos
valores, unos son personales y otros interpersonales. ¿En qué orden los
inculcamos y trasmitimos?
Los
valores instrumentales son aquellos que se refieren a la estima que tenemos por
determinadas conductas y formas de comportarse de los hombres (abierto,
afectivo, ambicioso, animoso, autocontrolado, creativo, educado, eficaz,
independiente, intelectual, honrado, limpio, lógico, magnánimo, obediente,
responsable, servicial, valiente). Esta escala es relativa, pues de acuerdo con
la consideración social de cada uno, da preferencia a unos valores obre otros.
Los
valores son inseparables de la ética. Esto es natural, porque todo lo
relacionado con el hombre implica una dimensión ética. Por eso, educar en
valores es una educación en libertad y para la libertad; ésta es la base de la
ética. Así pues, no es suficiente conocer r los valores, sino que hay que
integrarlos en la propia vida. Este es el objetivo de la educación moral. El
hombre es un ser ético o moral. Posee un conocimiento operativo de la
diferencia objetiva entre el bien y el mal y también de la posibilidad que el
hombre tiene de realizar actos buenos o malos. La bondad o maldad de un acto no
depende de su realización física, sino de su relación a su propio fin y
percepción. Un acto es bueno cuando se ordena al fin propio del hombre. La
expresión del orden que regula los actos humanos es la ley. Moralidad y ley se
hallan estrechamente relacionados.
La
conciencia, que incluye el conocimiento de la ley, es juez de la moralidad de
nuestras acciones. Ley no es una coacción de la libertad, como tan
frecuentemente se oye decir, porque la ley expresa el orden que regula la
bondad del acto humano. No proviene de fuera del hombre, sino de su misma
naturaleza. La educación moral ha de conducir, por tanto, a la formación del hábito
de cumplir la ley. Adquirir hábitos morales. A veces se ha contrapuesto la
libertad a la ley. El romanticismo da especial relieve a los hechos afectivos,
desvinculándolos de los actos de la voluntad. El rigorismo kantiano del
imperativo categórico pone a la ley frente al amor. Esta división rompe la
unidad del humano.
Por
voluntad se entiende una instancia desiderativa que no es orgánica, sino que es
de la misma índole que el intelecto. Tiene la misma amplitud que el intelecto.
El amor es una forma del querer, y se encuentra en el principio y el fin de
todo acto de voluntad. La ley es expresión particular de la misma tendencia
universal al bien que mueve al amor. La ley posibilita a la voluntad la
realización del bien. Es, pues, fruto del amor.
Una
hermosa tarea de la educación es crear la conciencia de que el ejercicio de la
voluntad está en el cumplimiento de las leyes y que en este cumplimiento se
vuelven a ensamblar el amor y la ley.
La
educación moral, como cualquier educación, es primariamente intelectual; pero
no solamente intelectual. La necesidad de actividades concretas resulta fácil
de programar y realizar cuando se trata de hábitos particulares o destrezas.
Pero cuando se trata de un hábito tan general como "disposición para el
cumplimiento de las leyes," resulta muy difícil determinar qué actos deben
realizarse para adquirir tal disposición.
Un
acto tiene valor educativo cuando está bien hecho; en otro caso sería
indiferente o tal vez negativo para el fin que se persigue. Esto vale tanto como
decir que en la formación del hábito para el cumplimiento de la ley sirven los
actos en los cuales se cumpla bien alguna ley. En otras palabras: la
preocupación por la obra bien hecha es esencial en la formación de cualquier
hábito.
Conclusión
No
existe coincidencia a la hora de señalar si son antes los valores o las normas
éticas. Unos creen que son las normas éticas las que sirven de fundamento a los
valores: lo que se ajusta a unas normas éticas determinadas "vale"
como bueno, lo que contradice esas normas éticas "no vale," porque es
malo. Max Scheler introdujo la polaridad de valores, en la que los dos polos
(lo bueno y lo malo) "valen." Por el contrario, otros piensan que los
valores son lo que deben servir de
fundamento a las normas éticas: lo que "vale," es bueno; lo que no
"vale," es malo. Nuestro punto de vista es el siguiente: primero
están los Valores, después vienen las Normas éticas y, por último, está la
relación entre valores y normas éticas. Señalamos también la naturaleza del
valor moral: éste afecta a los comportamientos en los que la persona se
responsablemente (en libertad). Por eso, el valor moral aparece como la razón
de ser del hombre. Es el que más influye en la forja de la personalidad del
individuo. De ahí su complejidad: ha de realizar un ideal universalmente
válido, sin perjuicio de la peculiaridad irrenunciable del sujeto en que se
encarna. Según escribe Jolivet: "El hombre, al inventar los valores,
invéntase a sí mismo a partir de sí mismo y deviene propiamente lo que es."
Jorge M. Ayala

Muy interesante este tema sobre los valores y normas éticas
ResponderEliminarMuy interesante este tema sobre los valores y normas éticas
ResponderEliminarExcelente documento.
ResponderEliminari just loved
ResponderEliminarExtraordinario Este Informe...
ResponderEliminarInteresante documentos y buenos concepto que tiene este docdocumento!!! •﹏•
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ResponderEliminarBuen tema profesor siga enseñándonos más para ser mejores personas
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